Lo que hace a gan una shijvá única y especial, es que además de involucrar a los janijim dentro del mundo que propone cada peulá, son ellos quienes terminan incluyéndonos en su mundo, enseñándonos cada semana algo nuevo mediante el juego y su enorme creatividad. Lo que se vive sábado a sábado en esta shijvá siempre me deja una sensación de plenitud y orgullo, al ver a cada janij con una sonrisa de oreja a oreja, compartiendo con otros janijim/ot y madrijim/ot sin importar el grupo, aprendiendo uno del otro, y siempre con ganas de jugar y crear mundos. Después de cada peulá se quedan con ganas de más, y recuerdo a una janijá pidiendo explícitamente “Quiero tener otra aventura”. Esto demuestra lo que genera esta shijvá. Se transmite una sensación de familia, pequeña pero significativa, en la que “Crecer en Bet Hilel” se vive a flor de piel. La magia, la alegría y el ruido están siempre presentes, generando una energía y esencia que solo la entiende quien forma parte. Hay una frase que un poco describe la experiencia del janij de Gan, que dice: ”A los ojos de un niño, no hay siete maravillas en el mundo, hay siete millones.” Este año se caracterizó por estar lleno de locuras, risas, de momentos significativos, de aprendizajes, y millones de maravillas. Me entusiasma lo que nos queda por crecer, vivir y descubrir.