Recuerdo mis épocas de estudiante de informática. ¿Se acuerdan del diskette? ¿Cinco y cuarto o tres y medio? Era una de las herramientas más importantes para poder guardar y transportar los avances de aquello que habíamos trabajado y producido. Lejos de los soportes de almacenamiento masivo, del Google Drive, de dispositivos complejos y de la nube, cada uno debía guardar pequeños fragmentos de información en discos que, si se perdían o si se estropeaban, significaban un enorme dolor de cabeza y había que comenzar de nuevo.
Esta es la sexta vez que me siento a escribir este saludo. No es que me haya equivocado tantas veces y vuelto a comenzar (podría haber sucedido). No se trata de una computadora dañada ni que me haya olvidado guardar el back up en el diskette. ¡Miro hacia atrás y han pasado ya seis años! Seis años desde que comenzamos a transitar juntos este camino. Seis años desde aquellos Shabatot en el gimnasio de la Escuela Martin Buber (a quien le estamos eternamente agradecidos).
Atravesamos éxodos, dificultades, pandemias. Tuvimos que adaptarnos a tiempos sumamente vertiginosos y cambiantes donde aprendimos que ninguna planificación es segura y que la cooperación es la mejor herramienta. Experimentamos la compañía en soledad. Construimos comunidad a pesar de las distancias y de las cámaras.
Hoy podemos reencontrarnos sin máscaras. ¡Llegó ese día tan ansiado en el que podemos volver a abrazarnos y recibir un nuevo año todos juntos!
Qué duro fue el no poder celebrar los grandes eventos en comunidad, de manera presencial. Si, nos adaptamos y logramos traspasar las pantallas. Pero extrañábamos el contacto físico. Y para eso nos fuimos preparando a lo largo del año. ¿Cómo?
Acercándose cada semana para ofrendar la propia materia espiritual. Comenzar con un Minián de rezos, de reflexiones para cargarnos de energía para lo que viene.
Continuando con palabras de Mishná, esas enseñanzas eternas en boca de nuestros sabios que nos cuestionan e interpelan acerca de nuestra propia realidad e identidad: cuáles son las bendiciones en nuestra vida, qué significa unirse a alguien en amor, cómo formamos familias con sentido.
Aprendiendo acerca de nuestra historia y de lo que no se cuenta acerca de ella, de los principios de nuestra tradición, de nuestra cultura, de nuestro cine, de nuestra música.
Compartiendo ese espacio maravilloso donde más de 40 adultos mayores comparten juegos, charlas, experiencias, canciones, salidas.
Preparándose para ese primer contacto con la Torá, ese momento en el cual el joven se transforma en adulto y comparte con su familia, que es la nuestra, su crecimiento y emoción.
Apoyando a los niños que no van a escuelas judías y cada semana se encuentran para reencontrarse con su identidad.
Peulá, Radaiom, Madrijim, juegos, abrazos, confidencias… Lo que se vive en Noar Bet Hilel, no tiene explicación. Todos son bienvenidos, todos son respetados, todos tienen su lugar y crean mística.
Atid, el futuro en nuestro presente, el programa para universitarios con propuestas novedosas.
Con acción solidaria, llenando pancitas de pequeños seres cuyos corazones rebalsan al recibir un mimo y saber que alguien no solo se preocupa, sino que se ocupa de ellos.
Celebrando Shabat, transformándolo en la fiesta que nos merecemos cada semana, con canciones, palabras, abrazos, miradas… Alma. Volver a darle un lugar al alma.
Porque hay cosas que no se olvidan. Hay cosas que no se borran cuando se graban en lo profundo del alma. Y esas cosas son las que vivimos en familia y aquellas que nos marcan. Porque YouTube es un gran registro, pero no logra captar lo que vibran nuestras almas cuando se encuentran.
Te invitamos a que nos sumemos, a que sigamos construyendo familia y a que sigamos vibrando juntos. Porque cuando te sumás, descubrís que aún existe gente maravillosa para compartir este camino y formar hermosos recuerdos que quedan grabados en el alma.
Esto es Bet Hilel. Este es tu lugar.