La halajá es un compendio de normativas dinámicas en nuestra tradición. Va tomando forma de acuerdo a decisiones y disposiciones que deben adecuarse a contextos sociales, para que la norma sea aplicable.
En general solemos incurrir en el prejuicio, que esto sólo ocurre en el movimiento masortí. Pero no es así, el mundo ortodoxo también tiene sus reflexiones al respecto. Existen dos corrientes en los círculos ortodoxos más modernos. Una que plantea una igualdad en el cumplimiento de las mitzvot con lo masculino y la otra, busca la particularidad femenina creando propios espacios. Por supuesto que también dentro de la ortodoxia tradicional está la oposición a todo lo que implique igualdad de género.
Ahora vayamos a nuestro tema en cuestión: Como principio general la Halajá establece la obligatoriedad para las mujeres en el cumplimiento de las mitzvot, con excepción de alguna de ellas. Le otorga a las mujeres la exención cuando dichos preceptos están regidos por el tiempo.
¿Por qué? Porque la esencia de la mujer es estar vinculada con el tiempo. Su ciclo vital la vincula de un modo diferente al devenir de los hombres. Con lo cual nos encontramos con que nuestros maestros eximieron a las mujeres de las mitzvot positivas que dependen del tiempo, mitzvot asé shehazmán garmá, pero no las prohibieron.
El Talmud en el Tratado de Kidushin, declara que las mujeres están eximidas de todos los preceptos positivos que se rigen por el tiempo, exceptuando Shabat, Purim, Pesaj, Januca, etc., que el mismo texto establece como obligatorias para las mujeres. Por supuesto que todas las mitzvot negativas, que implican restricción, no hay ninguna excepción.
En la diferencia de acción y excepción radica el eje fundamental de no “obligar” a las mujeres a cumplir en tiempo y forma con algo que quizás su cotidianeidad no lo permitía; ya sea por sus quehaceres hogareños, por su condición física, por ejemplo, embarazo, etc. Liberarla fue una manera de preservarla.
Es real que el talmud menciona específicamente a los tefilin, como un precepto positivo que depende del tiempo; pero también es cierto que otros intérpretes como Shmuel ben Meir en el SXII mencionan a los tefilin como “un recordatorio como si estuviera escrito en nuestras manos”. Alejado de la imagen temporal.
Es por eso que encontramos fuentes en el Talmud de Babilonia, Eruvin 96ª donde se relata: “Mijal, hija del Kushi, se colocaba los tefilin y los Sabios no protestaban por ello, y la mujer de Yoná peregrinaba a Jerusalén, y no protestaban por eso”. Ambas figuras femeninas cumplían con preceptos positivos regidos por el tiempo y nadie protestaba o lo veía mal.
El Sefer Hajinuj (SXIII aprox) refiere que en aquellas comunidades donde las mujeres quieran colocarse tefilin, no se protesta por ello e incluso tienen recompensa por su accionar.
Ahora es interesante analizar, como a pesar de que el Talmud Babilónico autoridad en Halajá que no reprueba el uso de tefilin de las mujeres, la idea de que las mujeres no pueden colocarse tefilin perduró en el tiempo hasta el día de hoy. En este sentido tuvo mayor peso una recomendación del Ramá en el Shuljan Aruj (SXVI) donde se agrega con palabras poco sutiles “Y si las mujeres quieren ser más exigentes consigo mismas (cumplir con el precepto de tefilin) se las reprende por esto”.
Es notable como en el cumplimiento de las mitzvot, ligado íntimamente al encuentro del Ser Humano con el Creador y su prójimo, hay más apertura teórica que práctica. Nuestra ley en “open mind”. La pregunta es ¿Y nosotros? ¿Qué pasará con las sociedades y nuestras comunidades? ¿Qué movilización traerán las igualdades que generan tanta desigualdad y rechazo? ¿Hacia dónde educamos?
La experiencia de vida judía puede aportar las herramientas con el estudio a ser fieles al legado recibido y al mismo tiempo adecuarlo a las necesidades de la época. No juzgo el pasado y sus decisiones, miro el futuro con sus transformaciones.
Mujeres que desean manifestar su amor a la tradición, su relación con Dios, su participación activa en los rituales comunitarios se sienten excluidas; simplemente por ignorancia de muchos y escasa prioridad de transmisión de otros. Las mitzvot nos son un mero ritual autómata, son la búsqueda constante de esa conexión con nuestra esencia.
Por lógica asumir cumplir con una mitzvá de la cual estamos exentas y asumimos el compromiso, nos exige ser coherentes con tantas otras que desestimamos. Reflexionar sobre el desarrollo y crecimiento de nuestra espiritualidad es tarea de todos los días.
Bienvenidas a tomar para sí el hermoso wifi que nos sostiene conectados con las generaciones pasadas, con la coherencia de nuestras elecciones y dando pie a las aperturas halájicas que se mantienen hasta nuestros días.