Junio del 2022. Un viernes muy temprano, con frío y muchos aún dormitando nos encontramos 44 personas para subir a un gran micro y emprender un largo viaje.
Sabíamos a dónde queríamos ir. Y no con qué nos encontraríamos. Moisés Ville no nos podía albergar por su capacidad hotelera es casi nula, decidimos hospedarnos en Sunchales.
Al arribar había mezcla de cansancio y ansiedad. En la sinagoga nos estaba esperando para comenzar con la tefilá. Su gente, que asiduamente se encuentra los viernes por la noche, organizó cada espacio para que nosotros tengamos el propio y nos sintamos como en casa.
Alguien llegó con un sueño que puedo cumplir: hacer sonar el shofar donde su abuelo lo tocaba.
La emoción nos embargó a todos, nos estremeció y aquella tefilá tuvo con ese sonido y tantas voces conmovidas, las puertas del cielo abiertas.
La cena de shabat fue elaborada por los lugareños, servida por nuestra propia gente. Un grupo voluntarioso, flexible, amoroso y encantador. Mujeres y hombres, parejas constituidas, grupos de amigos y quien hubiese querido subirse a la aventura la hubiese vivido con la plenitud de los sentidos como cada uno de nosotros.
Shajarit fue una experiencia única para muchos que nunca habían subido a la Torá. Y fue una conexión con las generaciones pasadas en el mensaje cierto de Am Israel Jai Vekaiam.
Hacer todos los trayectos caminando el pueblo. De la sinagoga al club, del club al museo. Del museo al internado de morim… todo el interior se nutrió de los morim de Moisés Ville, siguen estando en distintas escuelas de provincias y se sienten privilegiados y honrados de haber sido producto del fruto de este poblado.
Del internado al teatro, a la panadería que aún hoy recrea los sabores de los abuelos…
Historias de quienes no son judíos, pero aman a sus ancestros que sí lo fueron y les enseñaron sobre los valores y los principios de nuestra tradición. Y con ellos viven hoy.
Historias de nietos que compartieron los sueños de sus abuelos que vieron cómo sus hijos se transformaban en profesionales, estudiaban o desarrollaban trabajos emprendedores y salían de las sombras de la pobreza y el hambre con el cual convivieron.
Tanto para sentir, tanto para vibrar y emocionarse.
Caminar las calles a puro sol, sin edificios que no impidan ver sus rayos. Sin correr: no hay nada que pueda acelerarse más que nuestra propia caminata, dormir en la plaza sin miedo a rateros, y saludar a los vecinos sin conocerlos. De eso se trataba ser shtetl.
Eso intentaron replicar en aquella población. Hoy queda el espíritu, el calor, los aromas y los sabores… la experiencia nos la llevamos toda.
Una historia para replicar en las grandes ciudades, el valor de los vínculos y el contacto con la naturaleza.
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Algunas miradas de esta experiencia
Simon Groisman: “Fue un viaje inolvidable… vivido en plenitud. Aprendizaje increíble de tantos hechos que desconocía. Me impactó el museo, la sinagoga, el shames, el joven jazan; las anécdotas de los inmigrantes que tuvieron que sortear tantos obstáculos, la historia de los niños que padecieron la epidemia. El grupo extraordinario, como si fuéramos viejos conocidos ¡La solidaridad y Sarina gracias por todo lo que aprendí y las enseñanzas que me compartiste. Gracias a Beth hilel por esta oportunidad”.
Alberto Sedler: “Fue una experiencia inolvidable haber llegado a atravesar el arco de Bienvenidos a Moisés Ville. Graciosamente diré como todos los judíos, que nos dolían todos los huesos. Llegar hasta allí no es fácil ni rápido, pero sumamente reparador. Mi experiencia personal incluye una meta muy especial y esperada por mi: hacer sonar el shofar donde mi padre y familia crecieron. Yo pensaba hacerlo en la plaza central, pero tuve el privilegio de hacerlo en uno de los templos que seguramente mis antepasados frecuentaron. La emoción me embargó, la introducción de Sarina me sorprendió, y lo que yo pensé que iba a ser privado para mí se convirtió en público y lo pude compartir con mucha gente que tenía el mismo sentimiento que yo.
Eso fue para mí el viaje: independientemente de haber conocido y compartido con gente muy linda el viaje, haber conocido el museo y otros edificios significativos de la época que siempre imaginé. Gracias por haber compartido y dejarme llevar el recuerdo que enriquece mis días! Shaná Tova Umetuka!